La Asamblea de Dueños de este 23 de abril de 2026 confirmó la renovación de los derechos de la Selección Mexicana con Televisa y TV Azteca por ocho años más, asegurando el control del “producto de oro” hasta el Mundial de 2034, bajo un esquema de señales compartidas en streaming.
Nos inquieta que, a pesar de la irrupción de gigantes como Netflix en torneos específicos (Copa Oro), la estructura del fútbol mexicano siga apostando por un modelo de continuidad que prioriza la audiencia masiva sobre la innovación competitiva. En MÁS CONTEXTO hemos rastreado que, aunque se hable de “compartir”, la realidad es que Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego han diseñado un blindaje que permite la entrada de plataformas digitales (Amazon, Claro, Fox) solo como canales de redistribución, manteniendo el control absoluto de la pauta comercial y la narrativa oficial en televisión abierta. No es el fin del duopolio; es su evolución hacia una red de sindicación donde ellos siguen siendo los dueños del origen.
La arquitectura del nuevo acuerdo: 2026-2034
El anuncio —adelantado por Gustavo Mendoza de ESPN— sepulta las especulaciones sobre una posible licitación abierta. El nuevo contrato cubre dos ciclos mundialistas completos y establece una jerarquía clara en el consumo de medios.
- Televisión Abierta: Exclusividad total para TUDN (TelevisaUnivision) y Azteca Deportes. Sigue siendo la ventana de mayor alcance y el motor de las marcas patrocinadoras.
- Streaming (La ventana de “concesión”): Se abre la puerta a que plataformas como Amazon, Netflix o Claro Sports adquieran derechos, pero bajo un modelo no exclusivo. Es decir, las plataformas digitales pagarán por el contenido, pero el usuario siempre tendrá la opción gratuita en TV, lo que devalúa el poder de suscripción de los servicios de paga.
Nuestra lectura es que la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) ha optado por la seguridad financiera garantizada por el duopolio ante la incertidumbre que generan las plataformas de streaming, que si bien tienen capital, no ofrecen la capilaridad social que el Tri necesita para mantener su relevancia cultural en México.
¿Netflix y Amazon como actores secundarios?
La firma de Netflix para la Copa Oro fue un espejismo que muchos interpretaron como el inicio de una nueva era. Sin embargo, los datos no mienten: el modelo de negocio de la Selección Mexicana depende del volumen, no del nicho.
Nuestra lectura es de absoluta cautela: este esquema de “señal compartida” es un caballo de Troya. Las televisoras aceptan compartir el contenido porque saben que, ante un partido de eliminación directa, el mexicano promedio prefiere la tradición de la narración abierta sobre la latencia y los costos de una aplicación.
El impacto en el aficionado: La misma historia, diferente pantalla
Tras la Asamblea de este jueves, queda claro que el proceso hacia el 2030 y el 2034 no traerá cambios en la forma en que consumimos al equipo nacional. El “producto de oro” sigue en las mismas manos porque el sistema de dueños de la Liga MX es juez y parte: son los mismos que venden y los mismos que compran a través de sus brazos mediáticos.
[Perspectiva MÁS CONTEXTO]
Nuestra apuesta es que este contrato de ocho años es la última “gran victoria” del duopolio antes de que la demografía y los hábitos de consumo los obliguen a una fragmentación real. Para 2034, el valor de la televisión abierta habrá caído lo suficiente como para que el control ya no sea sostenible. Por ahora, Azcárraga y Salinas Pliego han ganado tiempo, pero el fútbol mexicano sigue atrapado en un bucle comercial que ignora la crisis de resultados deportivos a cambio de la estabilidad en el flujo de caja.
