El recrudecimiento del conflicto armado en Irán provocará un incremento del 23.6% en los precios de la energía este año, situando los costes en niveles críticos no vistos desde 2022. La parálisis operativa en el estrecho de Ormuz actúa como el principal catalizador de una crisis que amenaza con desestabilizar la seguridad alimentaria y los mercados de metales básicos a escala mundial.
Nos genera una profunda inquietud que las proyecciones del Banco Mundial asuman un escenario de normalización para mayo; en Más Contexto consideramos que subestiman la inercia geopolítica. Esta crisis no es un evento transitorio, sino una reconfiguración forzosa del mapa energético que castigará con saña a las economías emergentes. El optimismo de Washington ignora la resiliencia de los conflictos de desgaste que rara vez respetan calendarios institucionales.
La fractura del estrecho de Ormuz y el espejismo de la recuperación
Las previsiones de referencia del Banco Mundial dependen enteramente de una hipótesis frágil: el fin de las interrupciones más severas en el suministro para el mes de mayo. Bajo esta premisa, se espera que el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz recupere su flujo habitual de manera escalonada, estabilizándose por completo hacia el último trimestre de 2026.
Si este pronóstico de “mejor caso” se cumple, el barril de Brent promediará los 86 dólares en 2026, lo que supone un salto violento respecto a los 69 dólares registrados en 2025. Nuestra lectura técnica es de máxima alerta: el mercado petrolero está operando sobre un alambre de espino donde cualquier daño residual en la infraestructura del Golfo Pérsico anularía la corrección prevista para 2027.
El efecto dominó: urea, fertilizantes y el hambre programada
El impacto de la guerra no se limita a las gasolineras. La arquitectura del informe Perspectivas de los mercados de productos básicos revela una conexión letal entre energía y alimentación. Los precios de los fertilizantes escalarán un 31% este año, impulsados por un aumento salvaje del 60% en la urea.
- Asequibilidad bajo mínimos: El acceso a insumos agrícolas caerá a niveles de 2022.
- Rendimiento agrícola: La erosión de los ingresos de los agricultores pone en jaque las cosechas de los próximos ciclos.
- Crisis humanitaria: El Programa Mundial de Alimentos estima que 45 millones de personas adicionales caerán en inseguridad alimentaria aguda si el conflicto persiste.
En Más Contexto hemos rastreado cómo estos micro-ciclos de carestía en fertilizantes generan una inflación estructural en la cesta de la compra que no retrocede aunque el precio del crudo baje. La dependencia de la urea es el “talón de Aquiles” que los analistas de escritorio suelen pasar por alto.
Metales críticos: la transición energética bajo fuego
Mientras la energía tradicional se encarece, los metales básicos como el aluminio, el cobre y el estaño subirán, en promedio, un 42%. Estos activos alcanzarán máximos históricos en 2026. La paradoja es cruel: la demanda de centros de datos, vehículos eléctricos y energías renovables está canibalizando la oferta disponible en un mercado ya estrangulado por la logística de guerra.
Los datos no mienten. El modelo de suministro global está roto. No se trata solo de escasez, sino de una competencia feroz por recursos limitados que encarece cada eslabón de la tecnología moderna.
Escenarios de riesgo: la amenaza de los 115 dólares por barril
Si la reapertura de Ormuz se retrasa más allá del segundo trimestre o si las hostilidades dañan plantas de gas y petróleo, el escenario central del Banco Mundial se desmorona. En ese caso, el Brent oscilaría entre los 95 y 115 dólares.
Este desvío impulsaría la inflación en las naciones en desarrollo hasta el 5.8%, superando casi cualquier registro de la última década. El encarecimiento de la energía y los fertilizantes provocará un aumento del 15.5% en el coste total de las commodities este año, haciendo que la esperanza de una moderación del 12.3% en 2027 parezca, hoy por hoy, un ejercicio de fe.
“La guerra es el desarrollo a la inversa. Golpea en oleadas: energía, luego alimentos y finalmente una inflación que devora la capacidad de pago de la deuda”, advierte Indermit Gill.
Las capas más vulnerables de la sociedad, que destinan la mayoría de su renta a la supervivencia básica, son las víctimas designadas de este tablero geopolítico.
[Perspectiva Más Contexto]
Nuestra postura es que este bloqueo en Oriente Próximo durará más de lo que Washington estima, y los mercados aún no han descontado el costo real de una guerra de desgaste prolongada. No se limite a observar los precios: asegure sus cadenas de suministro y diversifique activos antes de que el cierre de Ormuz se convierta en la nueva normalidad operativa de la década.
