Pese al rechazo de EE. UU. a la propuesta de Irán y la escalada en Medio Oriente, Wall Street alcanzó máximos históricos. Sin embargo, analistas prevén volatilidad y cuestionan la sostenibilidad de esta aparente indiferencia.
En MÁS CONTEXTO nos inquieta la disociación entre la euforia bursátil y la cruda realidad geopolítica. Hemos detectado una grieta en la narrativa de resiliencia del mercado que podría ser un espejismo peligroso.
Nasdaq y el S&P 500 se consolidaron en niveles récord al inicio de la semana, en un marco donde Estados Unidos rechazó la contrapropuesta de Irán. La negativa, calificada de “basura” por el presidente Donald Trump quien, según fuentes de Bloomberg, ni siquiera completó su lectura, se basó en las exigencias iraníes de levantamiento del bloqueo naval de Washington, alivio de sanciones y el mantenimiento de control sobre el estratégico estrecho de Ormuz. Este pulso geoestratégico, lejos de frenar el ímpetu bursátil, pareció ser digerido como un factor de ruido más.
Bajo este panorama, el S&P 500 y el Dow Jones lideraron las alzas con un 0.19 por ciento, mientras que el Nasdaq ascendió un 0.10 por ciento. La jornada del 12 de mayo también vio a las bolsas asiáticas iniciar con un desempeño positivo, impulsadas por un renovado apetito global por el riesgo, con el Nikkei 225 de Japón avanzando cerca de 1.20 por ciento en las primeras operaciones, y otros mercados regionales mostrando movimientos moderados.
México capta inversión millonaria pese a la incertidumbre global
En un contraste notable con la volátil escena internacional, la agenda económica interna también tuvo un hito significativo. Marcelo Ebrard concretó desde Canadá un compromiso de inversión por 2 mil millones de dólares de una empresa farmacéutica, destinados al estado de Hidalgo. Este dato, aunque ajeno a la dinámica geopolítica inmediata del conflicto en Medio Oriente, señala focos de inversión que buscan refugio o crecimiento en mercados emergentes, demostrando la capacidad del país para atraer capital incluso en entornos globales complejos.
La fragilidad oculta en la euforia bursátil
Juan Sebastián Restrepo, subdirector de Asset Management en Skandia, proyecta una volatilidad y selectividad intensificadas para la renta variable estadounidense en el corto plazo, afirmando que “el margen para sorpresas positivas es más acotado”. El mercado, según su análisis, estará supeditado a la evolución del conflicto en Medio Oriente, su impacto inflacionario, la trayectoria de las tasas de interés y la fortaleza de las utilidades corporativas, en un entorno donde la dispersión sectorial seguirá siendo marcada.
Luis Gonzali, vicepresidente y codirector de Inversiones en Franklin Templeton, enfatizó la necesidad de operar con cautela. Nuestra lectura es que esta aparente calma es, en realidad, un precario equilibrio a merced de la retórica política y la especulación. Gonzali advierte sobre un ciclo recurrente de rumores de acuerdos de paz que no se materializan, señalando que “esto termina por no suceder o alguien de alguna de las partes lo desmiente”, sugiriendo que la prudencia es la única divisa fiable en este contexto volátil.
El crudo: una caldera bajo presión geopolítica
Los precios del petróleo experimentaron alzas significativas, con el Brent encabezando las ganancias al subir 3.47 por ciento, hasta los 104.80 dólares por barril. La Mezcla Mexicana le siguió con un incremento del 2.83 por ciento, situándose en 102.13 billetes verdes por unidad, y el West Texas Intermediate (WTI) ascendió 2.78 por ciento, para cerrar en 98.07 billetes verdes por barril.
Gerónimo Ugarte, economista en Jefe de VALMEX Casa de Bolsa, estima que el Brent podría moverse en un rango aproximado de 90 a 120 dólares, experimentando “episodios de alzas rápidas ante noticias de escalamiento geopolítico”. No obstante, desde MÁS CONTEXTO sostenemos que la ausencia de una afectación persistente a la oferta física global impide una tendencia estructural sostenida al alza. El mercado reacciona a riesgos potenciales más que a una escasez efectiva, lo que implica movimientos bruscos pero potencialmente reversibles.
Juan Trebino, socio de Roland Berger y especialista en energía, complementa que el mercado energético se configura menos por eventos puntuales y más por la intersección de la geopolítica, la transición energética y una disciplina de oferta, factores que mitigan caídas abruptas y sostenidas. La moderación futura de los precios del petróleo dependerá del nivel de daño que ha tenido la infraestructura de hidrocarburos en la región y la velocidad con la que la capacidad productiva inactiva pueda ser recuperada. Esto, explica, “puede significar precios más elevados, alrededor de 80 u 85 dólares por barril que al inicio del conflicto, por más de un año”.
El peso mexicano: una estabilidad bajo amenaza velada
La moneda mexicana inició la semana con pérdidas marginales, reflejo de la cautela persistente por la falta de acuerdos en Medio Oriente. Las cifras del Banxico mostraron que el tipo de cambio se colocó en los 17.1995 pesos por dólar, lo que representó una depreciación de 0.04 por ciento o 0.61 centavos.
Gabriela Siller, directora de análisis económico en Banco Base, detalla que el tipo de cambio exhibe señales claras de consolidación por debajo del soporte clave de 17.30 unidades. Sin embargo, no descartamos un rebote al alza mientras la guerra persista. Lo que observamos no es una fortaleza intrínseca del peso, sino una pausa estratégica del mercado que anticipa futuras turbulencias. El mercado ha aprovechado las cotizaciones por debajo de los 17.20 pesos por dólar para compras anticipadas y tomas de coberturas cambiarias, un indicador de la incertidumbre latente, según información de Erick Martínez.
Desde MÁS CONTEXTO advertimos que la aparente resiliencia de los mercados frente a la escalada geopolítica es una señal que debe leerse con extrema cautela. La desconexión entre los récords bursátiles y la inestabilidad global podría desencadenar una corrección abrupta si los riesgos latentes se materializan. Recomendamos a nuestros lectores mantener una visión crítica y no dejarse llevar por la narrativa de “business as usual”, pues los verdaderos costos de la tensión se pagan a largo plazo.
