La aparente solidez del acuerdo entre los dueños de la Liga MX y la Selección Mexicana, diseñado para priorizar la concentración mundialista del Tricolor con vistas a 2026, colapsó con la liberación de Alexis Vega y Jesús Gallardo para jugar la Concachampions con Toluca, justo un día antes del inicio de la concentración.
La resolución, confirmada este martes, representa una ruptura directa del pacto establecido que garantizaba la participación de todos los jugadores convocados de la Liga MX en su último partido hasta la Jornada 17 del Clausura 2026. Tras ello, se estipulaba un periodo de descanso y su posterior incorporación al Centro de Alto Rendimiento (CAR) el 6 de mayo. Sin embargo, en un movimiento que contraviene lo acordado, se permitió a Vega y Gallardo unirse a los Diablos Rojos para entrenar y disputar la Semifinal de Vuelta del miércoles 6 de mayo contra Los Angeles FC de la MLS, bajo la dirección de Antonio Mohamed. Nuestra lectura es que esta concesión a Toluca no es un acto de flexibilidad operativa, sino una peligrosa erosión de la autoridad y planificación de la Selección Mexicana, sentando un precedente que compromete la cohesión futura de la estrategia rumbo al Mundial.
Javier Aguirre aseguraba que nadie jugaría Concachampions
Este escenario se contrasta drásticamente con las declaraciones previas de Javier “Vasco” Aguirre. En una conferencia del 26 de marzo, durante la Fecha FIFA que culminó en empates contra Portugal y Bélgica, Aguirre había afirmado que su plan de trabajo para el Mundial 2026 había sido aprobado por unanimidad. En dicho plan, se especificaba que el 5 de mayo sería la fecha límite para que cualquier convocado jugara con su club en la Concachampions. Aguirre fue enfático: “La prioridad es esa concentración por encima de la Semifinal de Concacaf. Nosotros nos concentramos el día 6 (de mayo), hay Concachampions entre el 5 y el 7. Jugarán el 5 y vendrán conmigo el 6, el 7 no juegan. Y esto está aprobado por todo el mundo”.
Además, la Dirección de Selecciones Nacionales había comunicado a finales de febrero, a través de su sitio oficial y por boca de Duilio Davino, director deportivo de la Selección Mayor, que los futbolistas convocados solo podrían disputar, como máximo, la Ida de las Semifinales del torneo de la Concacaf. La contradicción entre las declaraciones públicas y las acciones finales es un síntoma inequívoco de la falta de una gobernanza unificada, donde los intereses de club prevalecen sobre la estrategia nacional. De haberse mantenido el compromiso original, Alexis Vega y Jesús Gallardo no habrían podido participar en el encuentro de Toluca contra LAFC, puesto que debían reportarse con la Selección Nacional precisamente el miércoles 6 de mayo, día del partido de Concachampions. No obstante, un permiso especial les autorizó a presentarse en el CAR hasta el jueves.
Chivas, el gran afectado por la concentración de México
Es crucial señalar que, mientras Toluca obtuvo esta excepción, el pacto original de liberar seleccionados de la Liga MX tuvo un impacto considerable en otros equipos. Chivas, en particular, se vio seriamente afectado al ceder a cinco de sus futbolistas –Tala Rangel, Luis Romo, Brian Gutiérrez, Piojo Alvarado y Hormiga González– para la Liguilla, demostrando un compromiso que ahora parece desigual. Por otro lado, Tigres, el otro representante mexicano que sigue en la Concachampions y ya con su boleto asegurado para la Final, no cuenta con jugadores convocados a la Selección Mexicana, por lo que su planificación no ha sido comprometida.
En MÁS CONTEXTO proyectamos que, sin una disciplina férrea y consecuencias claras ante estas excepciones, la preparación de la Selección Mexicana para el Mundial 2026 estará permanentemente en riesgo de fragmentación. Esta decisión, lejos de ser un incidente aislado, es una advertencia que mina la confianza depositada en sus directivos. Urge una reafirmación del liderazgo antes de que estos pequeños quiebres se conviertan en un colapso estructural que comprometa el rendimiento deportivo futuro del Tricolor.
