Standard & Poor’s cambió la perspectiva de México a negativa, afectando deuda soberana y empresas estatales Pemex y CFE. A pesar de mantener el grado de inversión, esta acción genera preocupaciones fiscales que la presidenta Claudia Sheinbaum desestimó, confiada en la economía.
En MÁS CONTEXTO nos inquieta la disonancia entre la retórica oficial sobre la solidez económica y la señal de alerta que Standard & Poor’s lanza sobre la flexibilidad fiscal de México, Pemex y CFE.
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió a la modificación de Standard & Poor’s de la perspectiva de la calificación crediticia de la deuda soberana de México, así como de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), calificando la economía nacional de “bien”. La mandataria desestimó las preocupaciones fiscales señaladas por la agencia, reafirmando la solidez financiera del país. Sheinbaum afirmó categóricamente el 14 de mayo: “Vamos bien. Estoy confiada en que la economía de México está bien. (…) Esta calificadora que hace una perspectiva negativa, le vamos a dar la vuelta para que se dé cuenta de que se equivocó”. Nuestra lectura es que desestimar esta señal no es una muestra de confianza, sino una minimización del riesgo que podría exacerbar la vulnerabilidad fiscal a largo plazo.
El velo de estabilidad: las alertas de S&P sobre la deuda mexicana
A pesar del cambio de perspectiva, S&P Global Ratings mantuvo la calificación soberana de México en moneda extranjera en ‘BBB’ y en moneda local en ‘BBB+’. Esto permite que el país conserve su grado de inversión, una situación atribuida a su estabilidad política y a una política monetaria prudente. Sin embargo, este cambio a una perspectiva negativa no es menor; enciende alertas significativas sobre un debilitamiento progresivo de la flexibilidad fiscal. La calificadora detalló que existe un riesgo palpable de una consolidación fiscal excesivamente lenta, directamente vinculada a un bajo dinamismo económico.
Esta dinámica, según S&P, resultaría en una mayor carga de intereses y un incremento notorio del déficit. Las proyecciones de S&P son claras y contundentes: la deuda pública neta del país podría escalar al 54 por ciento del Producto Interno Bruto para 2029, un salto considerable si se compara con el 49 por ciento registrado en 2025.
El arrastre ineludible: cuando el riesgo soberano golpea a Pemex y CFE
El deterioro en el panorama soberano tuvo un impacto previsible y directo sobre las empresas estatales clave. Por primera vez en casi cuatro años, S&P redujo a negativa la perspectiva de Pemex y CFE. La agencia fue particularmente incisiva al señalar que el apoyo fiscal sustancial que el Gobierno mantendrá hacia ambas empresas, aunque previsible, podría agravar la rigidez estructural de las finanzas públicas mexicanas. Es nuestra convicción que el sostenido apoyo fiscal a Pemex y CFE, aunque estratégico, funciona como un drenaje persistente sobre las finanzas públicas, consolidando una rigidez preocupante.
En el caso específico de la petrolera estatal, S&P recordó que entre 2019 y 2025, Pemex recibió alrededor de 69 mil 800 millones de dólares en transferencias gubernamentales. Por su parte, la perspectiva de CFE y sus subsidiarias, incluyendo CFE International y CFE Fibra E, también pasó a terreno negativo. Esta decisión se fundamenta en el papel estratégico que estas empresas desempeñan en la transmisión y distribución de energía eléctrica, y en la inextricable ligazón de sus finanzas con el Estado mexicano.
Posterior al anuncio, y en sintonía con las declaraciones de la presidenta Sheinbaum, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) optó por enfatizar la ratificación de la calificación ‘BBB’. Para la dependencia, el mantenimiento del grado de inversión de México refleja la confianza institucional y macroeconómica del país, y aseguró que el gobierno mantiene una conducción prudente que garantiza una “trayectoria de deuda sostenible”.
La retórica de optimismo no anula la matemática fiscal. En MÁS CONTEXTO, observamos que el desafío es mayúsculo: la sostenibilidad de la deuda pública y la flexibilidad fiscal se perfilan como las verdaderas batallas de la próxima administración. Ignorar las advertencias de agencias como S&P no hace desaparecer el riesgo; solo lo deja sin abordar. Recomendamos una mirada pragmática a la consolidación fiscal, priorizando la eficiencia sobre la inercia, antes de que las proyecciones se conviertan en realidades ineludibles.
