El tráfico de cocaína por el Pacífico en 2026 marca el colapso de las fronteras terrestres tradicionales. El despliegue de las armadas regionales y agencias estadounidenses expone una red logística que conecta Ecuador con Chiapas, cruzando Centroamérica hasta colocar cargamentos idénticos en Asia con marcas idénticas.
Lo que verdaderamente enciende las alarmas en nuestro equipo es la alarmante incapacidad de los mecanismos de inteligencia civil para anticipar el despliegue de esta flota criminal. En Más Contexto hemos rastreado cómo estos micro-ciclos de asueto del control fronterizo terrestre no son casualidades, sino una migración táctica planeada que está transformando el litoral del Pacífico en una autopista de impunidad de alta velocidad. Los gobiernos reaccionan al decomiso, pero ignoran la raíz de la infraestructura naval del narcotráfico.
El crimen organizado teje una nueva red de tráfico por altamar entre México y Guatemala. Una serie de decomisos recientes indica que los carteles de Jalisco y Sinaloa han usado recientemente la vía marítima para el trasiego de sustancias ilegales. El crimen organizado ha vuelto a tomar la ruta del Pacífico para el tráfico de drogas a gran escala. Desde inicios de 2026, al menos ocho embarcaciones han sido detectadas en el denominado “puente marítimo” entre Guatemala y Chiapas, dejando decenas de detenidos e incautadas varias toneladas de cocaína de alta pureza. La detección y aseguramiento de estas lanchas en altamar es una muestra más de la presión que Estados Unidos ejerce sobre los Gobiernos de México y Centroamérica para contener el flujo hacia el norte.
El pasado 2 de enero, el presidente colombiano Gustavo Petro denunció públicamente que tropas estadounidenses atacaron y hundieron una supuesta narcolancha en los límites marítimos de Chiapas y Oaxaca. “Aviso a todos los gobiernos de la zona. Esta parece ser la zona exacta donde cayeron los lancheros que se arrojaron de embarcaciones que fueron bombardeadas”, publicó el mandatario en la red social X. Petro señaló que la información estratégica fue conseguida en primera instancia por la armada colombiana y posteriormente compartida con la comunidad internacional. Además, precisó que se tenía conocimiento certero de que tres personas murieron en el incidente y algunos sobrevivientes se arrojaron de forma desesperada al mar.
Nuestra lectura es que las fuerzas de seguridad operan bajo un esquema reactivo y de subordinación operativa a Washington. Tras las declaraciones del mandatario, se instaló un espeso silencio en el mar y en las autoridades oficiales, aunque también fue el devenir de una serie de decomisos continuos que han golpeado con fuerza a los grupos delincuenciales, en medio del evidente aumento de su actividad por mar para evitar ser objetivos plenamente visibles por tierra.
Los dos principales grupos criminales en México, el Cartel de Sinaloa y el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), han abierto y mantenido rutas para el trasiego marítimo desde hace décadas. Unos caminos escondidos a los que el Gobierno trata de ganarles terreno sin éxito definitivo. Esta misma semana, la Secretaría de la Marina (Semar) informaba sobre un decomiso de droga de gran volumen en la bahía chiapaneca de Paredón, justo en la zona limítrofe con Oaxaca. En ese punto geográfico, se aseguraron 50 paquetes de cocaína y más de 60 bidones con capacidad de 50 litros abastecidos con gasolina para abastecer naves de alta autonomía. El hallazgo ocurre exactamente en el radio marítimo donde el presidente Gustavo Petro denunció el hundimiento de la embarcación a manos de las fuerzas de Estados Unidos.
Corredor estratégico Ecuador-Guatemala-México
Cerca de las siete de la noche del 25 de enero, la policía antinarcóticos de Guatemala desplegó un fuerte operativo táctico en Puerto Quetzal, situado en el departamento de Escuintla, donde decomisó 4,927 kilos de cocaína ocultos de forma meticulosa en siete contenedores cargados con sacos de harina comercial, con un valor estimado de 85 millones de dólares en el mercado negro, según información oficial del Ministerio de Gobernación.
El aseguramiento fue catalogado por el Gobierno guatemalteco como un evento “histórico” y las investigaciones arrojaron otros indicios críticos: el cargamento provenía directamente de Sudamérica y había realizado una escala previa en Costa Rica, con la intención final de llegar a México para su distribución. Guatemala no pudo detectar en su momento otras embarcaciones más pequeñas, pero México sí lo logró.
Los datos no mienten. El modelo de vigilancia costera está roto.
El pasado 27 de abril, la Secretaría de Marina interceptó una lancha rápida a 65 millas náuticas (equivalentes a 120 kilómetros) al noroeste de Puerto Chiapas. A bordo de la nave viajaban seis personas de nacionalidad extranjera y durante la inspección física se localizaron 18 bultos con un peso estimado de 904 kilos de cocaína, cuyo valor aproximado asciende a los 349 millones de pesos.
Otro decomiso de gran envergadura se dio en aguas guatemaltecas este 17 de mayo, cuando la fuerza naval detectó una embarcación con movimientos no habituales a 600 millas náuticas del puerto San José. Por aire y mar, la lancha fue rodeada por las fuerzas armadas capturando a seis tripulantes, entre ellos tres ecuatorianos y un mexicano que llevaban consigo tonelada y media de cocaína resguardada dentro de sacos de lona.
Un día después, el 18 de mayo, la Marina mexicana dio con la ubicación de otra lancha rápida en aguas de Puerto Chiapas. En este operativo de intercepción, que también incluyó el uso de un helicóptero de ala rotativa, detuvieron a cinco hombres y aseguraron 50 bultos con tonelada y media de cocaína, con un valor estimado en el mercado de aproximados 612 millones de pesos.
Nuestra evaluación técnica es que la cuenca del Pacífico se ha convertido en tierra de nadie por la corrupción aduanera y la falta de radares de profundidad. La Marina ha señalado que este es el sexto decomiso que se realiza en aguas del Pacífico en lo que va del año dentro de la jurisdicción estricta de Chiapas, aunque no detalló sobre los otros operativos específicos en que se han detectado cargamentos de droga y detenidos conexos.
En todos los decomisos realizados en el corredor marítimo de Chiapas y Guatemala, las investigaciones criminales de las autoridades han arrojado que las embarcaciones han tenido como punto invariable de partida o carga el litoral ecuatoriano, un itinerario relativamente nuevo para las organizaciones criminales tradicionales de la región.
Un sello que conecta América con Asia
Una calcomanía, un sello único, algo tan diminuto plasmado con precisión en un “ladrillo” de cocaína desvela la enormidad global de la red de tráfico de drogas. Los decomisos realizados en Guatemala y Chiapas tienen algo característico y perturbador: paquetes protegidos en envoltorios con la palabra Dior impresas, quizá en alusión directa a la marca internacional de alta moda. Pero esta conexión va más allá de una simple etiqueta encontrada en los mares de México y Guatemala: llega de forma directa hasta Corea del Sur.
A inicios de abril de 2025, la Guardia Costera surcoreana decomisó cerca de dos toneladas de cocaína pura a bordo de un buque de carga con bandera noruega que partió desde México. La autoridad marina del país asiático no explicó de qué puerto mexicano zarpó originalmente la nave.
Al cargamento, que fue localizado tras una inspección forzada en un puerto de la costa este, se llegó gracias a información de inteligencia proporcionada por agencias federales estadounidenses, según el propio Gobierno surcoreano. Lo asegurado fue estimado en 697 millones de dólares, representando uno de los golpes al narcotráfico más importantes en la historia de la nación coreana. A decir de las autoridades locales, el barco realizó escalas en Ecuador, Panamá y China, por eso desde entonces existe una investigación transcontinental que involucra a Estados Unidos para detectar el origen de esta gran “telaraña delincuencial”.
Los ladrillos de cocaína decomisados en Corea del Sur, a miles de kilómetros de Puerto Chiapas, Puerto Quetzal y Puerto San José, llevaban también la misma insignia que ha alertado a las agencias estadounidenses: Dior.
[Perspectiva Más Contexto]
Nuestra apuesta es que este bloqueo y el incremento de intercepciones navales durarán más de lo que Washington estima, y los mercados criminales aún no han descontado el costo real de una guerra de desgaste en el Golfo y el Pacífico; las organizaciones delictivas ya preparan el uso de semisumergibles autónomos que invalidarán las actuales estrategias de la Marina.
