El magnate más influyente de México lanza un órdago al modelo asistencialista de la 4T, proponiendo el desmantelamiento de las transferencias directas a jubilados para financiar la erradicación de la miseria extrema mediante el empleo obligatorio en la vejez.
Nos inquieta de sobremanera la frialdad matemática con la que Carlos Slim busca desarticular el contrato social del retiro; tras analizar los datos, la conclusión es clara: el poder económico está preparando el terreno para una ofensiva legal que obligue al Estado a priorizar la productividad sobre la dignidad del descanso.
La estabilidad financiera del IMSS, el ISSSTE y los programas de Bienestar ha entrado en una zona de turbulencia sin precedentes. Carlos Slim Helú, presidente honorario de Grupo Carso, ha aprovechado el escenario de la Cumbre Mundial de Premios Nobel en Monterrey para cuestionar la viabilidad ética y económica del sistema de pensiones vigente. El ingeniero no solo propone un ajuste administrativo; exige una reingeniería total que elimine la “dádiva” a los mayores de 65 años, forzándolos a permanecer en la fuerza laboral activa durante al menos una década adicional.
El fin del retiro: La productividad como única moneda de cambio
Para Slim, el actual modelo de transferencias gestionado por la Secretaría de Bienestar es una contradicción que México no puede costear. En Más Contexto hemos rastreado cómo esta postura ignora la realidad biológica del trabajador promedio para favorecer un esquema de acumulación de capital. El empresario sostiene que es “increíble” que el Estado entregue recursos a jubilados mientras existen seis millones de mexicanos en pobreza extrema, sugiriendo que la solución no es elevar a los pobres, sino recortar a quienes ya cumplieron su ciclo laboral.
Nuestra lectura es que el concepto de “niveles mínimos de bienestar” de Slim es una trampa retórica: busca sustituir el ingreso líquido y seguro del pensionado por una promesa de infraestructura y salud que el Estado mexicano ha demostrado ser incapaz de proveer con eficiencia. Al proponer que la población trabaje hasta los 75 años, Slim busca transferir el costo del bienestar social del presupuesto público a la capacidad de resistencia física del ciudadano.
Colisión frontal con el modelo Sheinbaum
La propuesta choca directamente con la política insignia de la presidenta Claudia Sheinbaum. Para este 2026, la Pensión para el Bienestar entrega 6,430 pesos bimestrales a personas mayores de 65 años, un recurso que Slim califica como un “ingreso excesivo” frente a las carencias de otros sectores. Su visión de “cambiar el armamento y otros gastos” por inversión productiva suena razonable en el papel, pero en la ejecución implica que instituciones como el IMSS y el ISSSTE tendrían que demoler sus marcos normativos para impedir el retiro anticipado.
Los datos no mienten. El modelo de Slim busca:
- Retrasar la jubilación: Pasar de los 65 a los 75 años como edad mínima de retiro.
- Sustitución de efectivo: Eliminar los depósitos bimestrales por servicios de salud y empleo.
- Reenfoque del gasto: Desviar el flujo de capital de las pensiones hacia proyectos de infraestructura privada-pública.
La inactividad como factor de inseguridad nacional
El análisis de Slim trasciende lo contable para tocar la fibra de la crisis de violencia. El magnate vincula la falta de actividad económica —lo que él denomina ociosidad— con el deterioro del tejido social. Según su óptica, una sociedad que no trabaja es una sociedad que carece de libertad y seguridad. Sin embargo, en Más Contexto advertimos que esta visión criminaliza el descanso y asume que la paz social depende exclusivamente de la explotación laboral continua, ignorando las causas estructurales de la delincuencia organizada.
Mientras Slim liquida activos en el extranjero, como su participación de 310 millones de dólares en Keystone, en el territorio nacional presiona para que el Gobierno Federal abandone el rol de protector social. Es un mensaje de unidad forzada a través de la inversión, donde el Estado deja de ser el proveedor de recursos para los retiros y se convierte en un facilitador de mano de obra veterana para el mercado.
[Perspectiva Más Contexto]
Nuestra apuesta es que esta presión de Carlos Slim no es un comentario al aire, sino el inicio de un cabildeo corporativo que buscará reformas profundas en la Ley del Seguro Social antes de que termine el sexenio. El costo real de mantener a una población trabajando hasta los 75 años aún no ha sido calculado en términos de salud pública, y los mercados podrían reaccionar ante una inestabilidad social que Washington ya vigila con recelo. El retiro, tal como lo conocemos, está bajo asedio.
