Más de 17 mil escuelas de educación básica permanecen cerradas por el conflicto con la CNTE, afectando directamente a un millón 410 mil alumnos en México, con Oaxaca y Chiapas como epicentros de la parálisis educativa a solo 36 días del fin del ciclo escolar 2025-2026.
En MÁS CONTEXTO, nuestra postura es que el prolongado paro magisterial en México trasciende la mera demanda laboral, revelando un pulso político con el calendario escolar como campo de batalla. Hemos detectado una grieta profunda en la narrativa oficial.
El impacto crudo en las aulas nacionales
Mario Delgado ha revelado que 17 mil 471 escuelas de educación básica permanecen en paro. Esta cifra condena a más de un millón 410 mil alumnos en todo México a una interrupción crítica de su formación. El secretario de Educación Pública no oculta la magnitud del problema.
Los estados más impactados concentran la inmensa mayoría de esta afectación:
- Oaxaca encabeza la parálisis con 10 mil 653 centros educativos en paro.
- Chiapas le sigue con 2 mil 460 escuelas sin actividad.
- En Zacatecas, 2 mil 95 escuelas se encuentran en la misma situación.
- Guerrero registra mil 559 planteles paralizados.
Estos datos, lejos de ser meras estadísticas, dibujan el mapa de una crisis educativa que, a 36 días de la conclusión formal del ciclo escolar 2025-2026, amenaza con dejar un vacío irrecuperable en el aprendizaje. El llamado de Delgado a los maestros para regresar a clases y concluir el periodo “de manera ordenada ya para cerrar” es, a la vez, una súplica y un reconocimiento de la grave desorganización.
La controversia del calendario escolar: un quiebre de lógica
La postura de MÁS CONTEXTO es que el conflicto actual se agrava por una contradicción notable en la estrategia de la CNTE. Mario Delgado ha reprochado públicamente a la organización este paro, tras recordar su negativa previa a modificar el calendario escolar.
El secretario ha enfatizado que, en su momento, se propuso un cambio de calendario para adelantar las vacaciones debido al “calor” y la proximidad del Mundial 2026. En aquel entonces, los profesores de la Coordinadora argumentaron su deseo de continuar con las clases. Hoy, esos mismos maestros están en paro. Nuestra lectura es que esta contradicción en la postura de la CNTE no solo erosiona su credibilidad, sino que expone una táctica de presión con motivaciones que van más allá de lo pedagógico o climático.
La argumentación de Delgado es directa: “Curiosamente algunos de estos maestros de la Coordinadora en estos estados algunos de ellos, cuando se hizo la propuesta de cambiar el calendario escolar, decían: ‘no, no estamos de acuerdo que se vayan adelantar las vacaciones, queremos que haya clases’. Pero ahora están en paro”. Este giro evidencia un patrón de negociación inflexible que prioriza la movilización sobre la estabilidad educativa.
El diálogo y sus aristas políticas
Desde la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Gobernación, la narrativa oficial defiende los avances logrados para el magisterio en los gobiernos de la 4T, a pesar de los reclamos persistentes de la CNTE. Ambas dependencias reiteran su “apertura al diálogo” como mecanismo para destrabar el conflicto. Sin embargo, a solo 36 días de cerrar el ciclo, este llamado de Segob a la CNTE para “volver a clases y discutir sus propuestas” adquiere una connotación crítica. Desde MÁS CONTEXTO, consideramos que la “apertura al diálogo” reiterada por SEP y Segob parece más una gestión de crisis que una solución estructural, dilatando un conflicto con un costo educativo inaceptable. La urgencia del cierre del ciclo escolar desvela la ineficacia de las negociaciones previas.
Nuestra postura en MÁS CONTEXTO es inequívoca: El calendario escolar no es un documento inerte, sino el pacto fundamental entre el Estado, los docentes y las familias. Su manipulación o su uso como herramienta de presión, como hemos observado, augura una erosión profunda en la confianza pública y en la calidad educativa. Los más de 1.4 millones de alumnos afectados son un recordatorio de que las negociaciones fallidas tienen consecuencias humanas directas. La pregunta que ahora nos ocupa no es si el diálogo seguirá, sino hasta qué punto la autoridad permitirá que un ciclo escolar termine en la precariedad y el desorden, sentando un precedente de fragilidad institucional inaceptable.
