Nos inquieta profundamente la ceguera voluntaria ante un hecho sin precedentes: la justicia estadounidense ha dinamitado el último puente de confianza técnica con México al imputar a un gobernador en funciones. No estamos ante un simple roce diplomático, sino ante el fin de la era donde la soberanía servía como escudo para la opacidad regional.
La posición de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se acaba de complicar de forma irreversible tras la acusación formal del Departamento de Justicia de EE.UU. (DOJ) contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Esta ofensiva judicial, que incluye a otros nueve funcionarios y al senador Enrique Inzunza Cázarez, rompe el tabú histórico de no perseguir a figuras electas en funciones, colocando a Palacio Nacional en una encrucijada donde el costo de la lealtad interna comienza a superar los beneficios del pacto político.
El fin de la inmunidad diplomática de facto
En la larga historia de desencuentros entre Estados Unidos y México no había ocurrido algo así: que dirigentes en funciones y elegidos popularmente sean acusados y buscados por las autoridades del norte. Rubén Rocha Moya no es un actor periférico; ha sido el principal aliado en Sinaloa del movimiento que encumbró a Sheinbaum, la llamada Cuarta Transformación.
Desde los años 90, Andrés Manuel López Obrador lo convocó para consolidar su coalición, y en 2011, Rocha se convirtió en el articulador clave para la operación de Morena en el estado. Aunque el gobernador ha sobrevivido a escándalos previos gracias a su cercanía con el expresidente, la naturaleza de esta crisis es distinta. En Más Contexto detectamos que el peso probatorio, derivado de testimonios directos de figuras como “El Mayo” Zambada y “Los Chapitos”, deja poco margen para la narrativa del “complot político” que el oficialismo suele desplegar.
El polvorín de Sinaloa y la guerra interna
- Caída de los capos: La entrega forzada de Ismael Zambada fue el detonante que expuso los vínculos entre el poder político y el crimen organizado.
- Cifra de sangre: La pugna por el vacío de poder ha dejado más de 2,400 muertos y 2,000 desaparecidos.
- Respuesta de Sheinbaum: La mandataria mantiene su apoyo público al gobernador, apelando a su “apoyo popular”, una estrategia que hoy luce insuficiente frente a un expediente judicial extranjero.
El equilibrismo imposible frente a Donald Trump
Esta crisis llega en el momento más inoportuno para la relación bilateral. Sheinbaum gestiona actualmente una difícil negociación con Estados Unidos en seguridad, migración y la crucial revisión del TMEC. La agenda agresiva de Donald Trump ha forzado a la presidenta a un ejercicio de “cabeza fría”, respondiendo a las acusaciones de control criminal con llamados a la “cooperación sin subordinación”.
Nuestra lectura es que el apoyo irrestricto a Rocha Moya ya no es una muestra de fuerza, sino una debilidad estratégica que Washington usará como palanca en la renegociación comercial.
Los datos no mienten. El modelo de protección política está roto.
El desafío del control interno en Morena
El problema para Sheinbaum no solo cruza la frontera norte. El abigarrado y poderoso partido Morena parece cada día más difícil de controlar para una presidenta con perfil tecnócrata. La ausencia de AMLO ha dejado un vacío de mando que se agrava con incidentes como la reciente muerte de agentes de la CIA en Chihuahua, de los cuales la mandataria afirmó no tener conocimiento.
Este desconocimiento de las operaciones en territorio nacional sugiere una fractura operativa. Sheinbaum no controla la agenda de los gobernadores ni las incursiones tácticas de las agencias estadounidenses. La acusación contra Rocha es el golpe de gracia a la narrativa de control territorial.
[Perspectiva Más Contexto]
Nos preocupa que la administración actual subestime el giro punitivo de Washington. El caso de Rocha Moya no es una ficha de cambio, es el inicio de una fiscalización directa sobre la estructura de Morena que Sheinbaum no puede detener con retórica nacionalista. Nuestra apuesta es que la permanencia de Rocha en el cargo se volverá insostenible antes de que termine el año; mantenerlo en la silla gubernamental implica aceptar que la relación con EE.UU. será, de ahora en adelante, una gestión de daños permanentes que podría descarrilar la estabilidad del TMEC.
