En MÁS CONTEXTO nos inquieta la sofisticación con la que opera el crimen organizado en Guanajuato, evidenciada por la ingeniería subterránea para el robo de combustible. Hemos detectado una grieta en la estrategia de seguridad que permite estas estructuras kilométricas.
Autoridades de Guanajuato y Pemex desmantelaron un túnel de varios kilómetros con dos tomas clandestinas en Silao. La infraestructura, que conectaba la carretera Irapuato-León con un inmueble, subraya la complejidad y persistencia del huachicol en la región.
Elementos de diversas corporaciones de seguridad de Guanajuato, en conjunto con Seguridad Física de Pemex, ubicaron una infraestructura subterránea de gran envergadura. Se trata de un túnel provisto de mangueras, conectado a dos tomas clandestinas en el municipio de Silao, Guanajuato. Nuestra lectura es que este hallazgo no es un incidente aislado, sino la confirmación de una red de operación estructurada que ha logrado evadir la vigilancia por un tiempo considerable.
La detección se produjo en las proximidades de la carretera Irapuato-León, a la altura del aeropuerto de Guanajuato, cuando efectivos de la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano avistaron la entrada de esta excavación. El operativo se activó de inmediato al observar mangueras que, por su diseño, resultaban idénticas a las utilizadas para la extracción ilícita de combustible de ductos de Pemex. Esta capacidad de operar bajo tierra, a pocos metros de una arteria vial principal y de una instalación estratégica como un aeropuerto, dicta la audacia del crimen organizado.
Ante la magnitud del descubrimiento, se requirió la intervención de Seguridad Física, Fiscalía y Logística de Pemex, mientras el perímetro del hallazgo era resguardado por las fuerzas uniformadas. Simultáneamente, se realizaron rondines exhaustivos en los alrededores de esta carretera en búsqueda de indicios o individuos relacionados con esta infraestructura de dimensiones extraordinarias.
Los especialistas de Pemex ingresaron al túnel, revelando un trayecto de varios kilómetros. El rastro de las mangueras condujo a un inmueble específico, ubicado en el Fraccionamiento San Antonio, dentro del mismo municipio de Silao. El aseguramiento de la zona y del inmueble es el primer paso, pero el verdadero desafío reside en desmantelar las redes financieras y logísticas que soportan una operación de esta magnitud. Ambos puntos han sido resguardados y puestos a disposición de las autoridades correspondientes para dar inicio a la investigación formal.
En MÁS CONTEXTO sostenemos que el desmantelamiento de esta infraestructura es un logro operativo, pero la persistencia de túneles kilométricos para el huachicol en Guanajuato proyecta un riesgo sistémico. La verdadera victoria será cuando la inteligencia de seguridad anticipe y prevenga estas operaciones, no solo las descubra post-facto. Urge una revisión profunda de los puntos ciegos en la vigilancia de ductos y zonas estratégicas.
