La Cámara de Senadores fue el escenario de una doble evasión: Fidel Ortiz, exjefe del Resguardo Parlamentario, eludió una orden de aprehensión por vínculos con el exgobernador Silvano Aureoles, exponiendo la fragilidad de su seguridad interna y la posible complicidad institucional.
En MÁS CONTEXTO nos inquieta profundamente cómo una orden de aprehensión pudo ser burlada dos veces dentro de la Cámara de Senadores. Esto no es solo un fallo de seguridad, sino una implosión de la integridad institucional que demanda una revisión inmediata y sin complacencias. La complicidad interna expone vulnerabilidades alarmantes.
Agentes de la Policía de Investigación, procedentes de Michoacán, ingresaron en dos ocasiones al recinto legislativo con un mandato judicial explícito para detener a Fidel Ortiz, quien previamente se desempeñaba como titular del Resguardo Parlamentario del Senado. Pese a la presencia de las autoridades y los estrictos protocolos de seguridad de uno de los edificios más resguardados de la Ciudad de México, el exfuncionario logró eludir la acción de la justicia.
Doble evasión en el corazón legislativo
Fidel Ortiz, ante el intento de detención, presuntamente se ocultó en una oficina ubicada en el sótano del complejo senatorial. Lo que resulta aún más perturbador es que integrantes del mismo Resguardo Parlamentario, bajo su mando hasta hacía poco, habrían facilitado su encubrimiento y frustrado la captura en ambas oportunidades. Nuestra lectura es que esta capacidad de ocultamiento no se explica sin una red de protección activa, lo que convierte un intento de detención en un escándalo de encubrimiento.
La renuncia de un funcionario bajo sombra
Antes de que los agentes pudieran localizarlo y cumplimentar la orden judicial, Fidel Ortiz emergió de su escondite en el sótano 4 de la Cámara de Senadores. Su siguiente acción fue dirigirse al presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Ignacio Mier, para presentar formalmente su renuncia al cargo. Ortiz acumulaba más de siete años al frente de esta área clave para la seguridad parlamentaria. Durante su gestión, enfrentó acusaciones de presunto nepotismo, derivado de la supuesta incorporación de familiares, amigos y su pareja sentimental dentro de la estructura del Resguardo bajo su dirección.
No obstante, las imputaciones contra Ortiz van más allá de su gestión en el Senado. Es investigado también por sus posibles vínculos con una carpeta de investigación ligada a la muerte de cuatro indígenas. Este trágico suceso ocurrió en abril de 2017 en Michoacán, período en el que Fidel Ortiz formaba parte de corporaciones de seguridad estatales. Por este caso, las autoridades buscan a Ortiz y a otros 16 ex policías de Michoacán.
El silencio que resquebraja la confianza institucional
Hasta el momento, la Mesa Directiva del Senado ha optado por el silencio absoluto. No ha emitido ningún posicionamiento oficial que aclare cómo un exdirector de su propio cuerpo de seguridad pudo evadir la justicia en el interior de sus instalaciones. Este caso ha desatado severos cuestionamientos sobre la efectividad de los controles internos del Senado. Más aún, ha puesto en tela de juicio una posible complicidad de personal encargado de la seguridad parlamentaria. Este silencio no es neutral; es una declaración implícita de falta de transparencia y una omisión grave ante una crisis de seguridad y confianza que corroe la autoridad del propio recinto legislativo.
La evasión de Fidel Ortiz no puede ser un incidente aislado. Nosotros, desde MÁS CONTEXTO, advertimos que la ausencia de una postura oficial y la aparente complicidad interna establecen un precedente peligroso que mina la fe pública en las instituciones. Es imperativo que el Senado rompa su silencio, inicie una investigación interna exhaustiva y sancione a los responsables para restaurar la mínima credibilidad en sus protocolos de seguridad y en su propia integridad institucional.
