La presidenta Claudia Sheinbaum ha instado a no ver TV Azteca, anticipando la reacción de Ricardo Salinas Pliego y proponiendo el premio “El mitómano de la semana”. Esta ofensiva busca desacreditar la información crítica, intensificando la confrontación con colectivos como “Mexicanos al Grito de Paz”.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, ha lanzado una directriz inusual: “No vean TV Azteca”. Esta afirmación, vertida el lunes 25 de mayo de 2026, no solo anticipa una reacción airada del empresario Ricardo Salinas Pliego, dueño del consorcio, sino que marca una escalada en la tensión entre el poder político y ciertos medios de comunicación. Nosotros observamos esta declaración no como una simple recomendación, sino como una instrucción implícita para deslegitimar una fuente informativa específica. Sheinbaum incluso ironizó con la respuesta inmediata de Salinas Pliego en la red social X, sugiriendo que la batalla narrativa ya se estaba librando en tiempo real desde su conferencia mañanera del pueblo.
La contraofensiva del “Mitómano de la semana”
Dentro de este pulso constante contra las publicaciones críticas en redes y medios, Sheinbaum reveló a Luisa María Alcalde su propuesta de instaurar el premio “El mitómano de la semana”. Esta iniciativa pretende ser una extensión explícita de “Las mentiras de la semana”, un segmento ya conocido del Gobierno federal dedicado a desmentir información difundida en plataformas digitales. Nuestra lectura es que esta propuesta, aunque presentada con ironía, es un intento de institucionalizar la desacreditación y estigmatizar a quienes disienten, llevando el escrutinio oficial a un nivel personal y público sin precedentes. La presidenta manifestó su “sorpresa” por la “cantidad de información falsa” que, según su óptica, circula contra su administración, una percepción que valida la necesidad de estas contramedidas y el despliegue de una herramienta como “El mitómano de la semana”.
El colectivo que desafía la narrativa oficial: Mexicanos al Grito de Paz
En el centro de esta confrontación se encuentra el colectivo “Mexicanos al Grito de Paz”, identificado por el oficialismo como una entidad promovida por figuras cercanas a Ricardo Salinas Pliego. Este grupo ha desplegado mantas en diversos puntos de la Ciudad de México con acusaciones directas contra funcionarios cercanos a la Cuarta Transformación (4T), vinculándolos con presuntos nexos con grupos criminales y el narcotráfico. Estas denuncias cobran relevancia tras las acusaciones emitidas por Estados Unidos que señalan a servidores públicos de Sinaloa por supuestos lazos con el Cártel de Sinaloa. El colectivo, además, ha denunciado públicamente el retiro forzado de una de sus mantas en el Zócalo capitalino por parte de lo que describen como “supuestos grupos de choque”. Hasta la fecha, las autoridades del Gobierno de la Ciudad de México han mantenido silencio oficial sobre este incidente.
El silencio oficial ante la remoción de mantas es una omisión elocuente.
No podemos obviar que esta coyuntura se produce en un escenario donde Ricardo Salinas Pliego ya ha coqueteado con la idea de una postulación presidencial para 2030, minimizando su movimiento político y calificándolo como un “reto” en esa dirección. Nosotros vemos en esta “guerra de narrativas” un ensayo general para futuros enfrentamientos políticos, donde la deslegitimación mutua no solo ocurre en el plano mediático, sino que permea la percepción pública sobre la integridad de las instituciones y los actores involucrados, salpicando incluso a figuras como Sergio Sarmiento al ironizar sobre las ideas de Salinas Pliego.
¿Y ahora qué sigue? El llamado a boicotear un medio de comunicación y la propuesta de galardonar la “mitomanía” marcan un precedente peligroso para la polarización en el país. Desde MÁS CONTEXTO, advertimos que esta dinámica erosiona la confianza pública en el ecosistema informativo, transformando la crítica legítima en un flanco de ataque. La escalada de la confrontación entre el gobierno y figuras mediáticas no solo tensa el ambiente político, sino que amenaza con desvirtuar el debate público, dificultando la distinción entre información y propaganda. Es imperativo que la ciudadanía se mantenga alerta ante estas estrategias que buscan controlar la narrativa oficial.
En MÁS CONTEXTO hemos detectado una grieta profunda en la narrativa oficial: el llamado a no ver un medio revela una estrategia gubernamental de control del discurso que va más allá de la desmentida, escalando a una confrontación directa con la libertad de prensa y la crítica ciudadana.
